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ALGORITMOS, INTELIGENCIA DE MÁQUINAS, AGENTES Y JUICIO HUMANO

A inicios de septiembre de 2025, la revista Fortune pu­blicó esta nota: “Eudia, una startup de inteligencia artificial con sede en Palo Alto, California, ofrece algo totalmente nuevo: el primer bu­fete de abogados del mundo poten­ciado por inteligencia artificial (IA). El director ejecutivo Omar Haroun, afirmó en un comunicado de prensa en el que anunciaba el lanzamien­to de Eudia Counsel, al que calificó como “el primer bufete de abogados nativo de IA”. Según él, se creó para ayudar a las empresas a recuperar el control de sus conocimientos. La em­presa ha luchado mucho entre basti­dores para sacar a la luz este bufete de abogados, afirmó Haroun en una entrevista con Fortune en la Cumbre de Inteligencia Aumentada 2025 de Eudia en Nueva York.

Arizona es el único estado del país en el que no se exige que los bufe­tes de abogados sean propiedad de abogados, afirmó. Aun así, hay tec­nicismos. Eudia no está constitui­da técnicamente como un bufete de abogados. En virtud del programa de Estructuras Empresariales Alterna­ tivas (ABS) de Arizona, está consti­tuida como una empresa que es “pro­veedora de un bufete de abogados”.

Por otro lado, en junio de 2025, el Fondo Monetario Internacional pu­blicó la nota: Inteligencia de máqui­na y juicio humano en la que indica: “Imagina una isla que alberga a millo­nes de genios. Son expertos en todo lo que se puede hacer con una compu­tadora. Nunca dejan de trabajar. Y lo hacen felizmente a cambio de salarios modestos. Ahora imagina las profun­das preguntas que surgirían cuando se integraran en la economía global ¿Cómo afectaría su integración a los mercados, los salarios y la distribu­ción del poder? Los genios podrían impulsar una prosperidad abundan­te, o una profunda inestabilidad, de­ pendiendo, al menos en parte, de las decisiones que tomemos el resto de nosotros. En una nueva era de pros­peridad, la productividad y el creci­miento económico podrían dispararse y el bienestar social florecer.

Una fuerza laboral con una inte­ligencia única podría revolucionar industrias que van desde la atención médica hasta la educación y la tecno­logía. Las tareas de oficina podrían realizarse con una eficiencia impe­cable, lo que liberaría a las personas para dedicarse a actividades más sig­nificativas. El costo de muchos ser­ vicios disminuiría, lo que elevaría el nivel de vida. ¿Cómo sería una era de inestabilidad? Con los genios reali­zando tareas a una fracción del costo, los trabajadores del conocimiento y los profesionales podrían enfrentarse a un desempleo masivo. La erosión de los salarios y la seguridad laboral podría repercutir en todas las indus­trias, colapsando la clase media y profundizando la desigualdad. Unas pocas empresas o naciones que mo­nopolizaran el acceso a los genios podrían monopolizar la riqueza y el poder de formas sin precedentes, marginando a las empresas más pe­queñas y a las economías más débi­les. Esto podría sofocar la innovación y alimentar las tensiones globales.”

Al respecto de los anteriores ejem­plos, vale la pena reflexionar sobre los intentos de remplazar el juicio humano por el juicio algorítmico ofrecido por las herramientas de la IA. Cada vez son más los exper­tos que creen que podríamos estar a las puertas de un salto tecnológi­co de este tipo. En 2023, por ejem­plo, Geoffrey Hinton, galardonado con el Premio Nobel por su trabajo pionero en IA, afirmó que la tecno­logía podría superar la inteligencia humana en un plazo de entre cinco y 20 años. Otros expertos creen que podría ocurrir antes.

Que una IA que eclipse la inteli­gencia humana conduzca a una ma­yor prosperidad o a una mayor ines­tabilidad dependerá probablemente de cómo afecte a la desigualdad. Des­de la revolución informática de la dé­ cada de 1960, muchos economistas, entre ellos el premio Nobel de Eco­nomía 2024, Daron Acemoglu, han argumentado que los avances tec­nológicos pueden exacerbar la des­igualdad de ingresos al aumentar la demanda de trabajadores altamen­te cualificados y con experiencia, al tiempo que reducen la demanda de mano de obra poco calificada, un fe­ nómeno conocido como “sesgo de ha­ bilidades (skill bias)”.

La creciente integración de la IA en diversos ámbitos ha generado un profundo debate sobre la relación entre la inteligencia de las máquinas y el juicio humano. En este contexto, la responsabilidad de las institucio­nes académicas es no sólo proveer los recursos humanos que aplicarán o desarrollarán estas nuevas tecno­logías, es fundamental también el estudiar y ofrecer marcos de referen­cia y acción para aprovechar las po­tencialidades, así como entender las limitaciones de la IA, especialmente en el contexto latinoamericano don­de existe un riesgo de rezago frente a otras regiones globales.

Ante esto, se requiere adoptar una visión crítica y equilibrada de la innovación frente a la IA, evitan­ do tanto la tecno–filia desmedida como la tecno–fobia paralizante. Ya que la IA representa una ampliación cognitiva de las capacidades huma­nas, un cambio que difiere funda­mentalmente de las anteriores re­voluciones tecnológicas, las cuales ampliaban principalmente las capa­cidades físicas, el reflexionar sobre las implicaciones socioculturales y sociotécnicas que esta transforma­ción conlleva, es una necesidad para educar y preparar a la sociedad para interactuar con tecnologías que mo­difican profundamente los procesos cognitivos humanos. Más aún, el de­sarrollo actual de la IA está domina­do por corporaciones que impulsan estas tecnologías con fines financie­ros y de mercado, lo que plantea un desafío para la regulación, la ética, la gobernanza y la sustentabilidad global. El excesivo dominio corpora­tivo limita la visión del bien común y amplía brechas tecnológicas.

RELACIÓN ENTRE INTELIGENCIA DE MÁQUINAS Y JUICIO HUMANO

En la actual coyuntura, se evidencia un interés por ex­plorar cómo las máquinas no solo aumentan la capacidad humana, sino cómo se confi­guran como agentes que co­laboran con los humanos en procesos de toma de decisio­nes. Esta colaboración, exige una reconversión laboral y social, en la que los humanos aprendan a trabajar con má­quinas inteligentes y a desa­rrollar máquinas que apren­dan a colaborar con ellos. Si bien la IA puede aumentar la capacidad cognitiva, no debe reemplazar el juicio humano, ya que existe un riesgo de de­ pendencia tecnológica y pér­dida de autonomía crítica. Por ello, es necesario recono­ cer las limitaciones actuales de la IA, así como su comple­jidad y los sesgos algorítmicos inherentes, para construir vi­siones críticas que permitan un uso consciente y ético de estas tecnologías.

Sobre el juicio humano fren­te a las máquinas en el contex­to de la IA se destacan las si­guientes consideraciones:

1. Distinción entre si­mulación de resultados y procesos humanos:
Los sistemas de IA intentan si­mular los procesos menta­les humanos, imitando oreplicando resultados. Esto implica que la IA no “pien­sa” como un humano, sino que procesa información de manera diferente para llegar de una manera rápida y ágil a un mismo fin o función, lo que marca una clara diferen­cia en la naturaleza del juicio humano versus el cálculo de las máquinas.

2. Importancia del juicio humano como autonomía crítica:
Frente a la creciente automatización y dependencia tecnológica, el juicio humano debe mantenerse central para evitar la pérdida de autonomía y la dependencia absoluta en las máquinas. La IA debe ser una herramienta que comple­mente y potencie la capacidad humana, pero no la sustituya, preservando así la capacidad crítica y ética del ser humano.

3. Necesidad de construc­ciones críticas sobre siste­mas de IA
Es urgente desa­rrollar visiones críticas que evidencien las verdaderas posibilidades, limitaciones y sesgos de la IA, de modo que el juicio humano pueda ope­rar informado y consciente de los factores que influyen en las decisiones asistidas por máquinas.

4. Reconocimiento de la complejidad y la resis­tencia de la IA:
La com­plejidad de los sistemas de IA y la resistencia a su aceptación y aplicación so­cial requieren que el juicio humano sea sofisticado y adaptativo para aprovechar las oportunidades que la IA ofrece sin caer en riesgos sociales o éticos.

Estos puntos representan una primera aproximación sobre la generación de un marco de referencia sobre el juicio humano frente a las máquinas, planteando un balance entre la potencia tecnológica y la preserva­ción de la capacidad huma­na para decidir de manera autónoma, ética y crítica. En esta perspectiva se iden­tifican áreas prioritarias de atención en función de su impacto social:

a. Transformación del trabajo con máquinas como agentes de aumento cognitivo:
La “nueva nor­alidad” será aprender a colaborar con máquinas in­teligentes que potencian la capacidad cognitiva huma­na, y a desarrollar máquinas que aprendan a colaborar con los humanos. Esto sig­nifica que tareas que antes dependían solo de humanos pasarán a depender en mu­cho de agentes tecnológicos, cambiando los perfiles labo­rales y la necesidad de recon­versión de la fuerza laboral.

b. Ejemplos en la educa­ción y generación de infor­mación:
Las herramientas de IA pueden simplificar ta­reas que solían llevar horas, como investigación, elabo­ración de contenidos, pre­sentaciones y reportes, mos­trando la reconfiguración de actividades antes realizadas solo por humanos.

c. Cambio tecnológico como fenómeno profundo y social:
Históricamente, la revolución digital, donde tecnologías como internet y telefonía transformaron ra­dicalmente actividades co­tidianas y laborales, intro­dujeron al mismo tiempo, influencia y profunda de­pendencia en el modus ope­randi social

d. Evolución histórica del trabajo humano y automa­tización:
Históricamente, la revolución digital, donde tecnologías como internet y telefonía transformaron ra­dicalmente actividades co­tidianas y laborales, intro­dujeron al mismo tiempo, influencia y profunda de­pendencia en el modus ope­randi social.

En la transforma­ción actual, tal como en re­voluciones pasadas, como la revolución industrial y la era de la información, se per­dieron trabajos manuales y se crearon nuevos puestos relacionados con la tecnolo­gía. Ahora el reto consiste engenerar empleos a un ritmo que equilibre el remplazo que la IA producirá.

En conclusión, la pérdi­da de habilidades humanas frente a la IA genera riesgos de dependencia tecnológica y la erosión de la autonomía crítica. Si bien la IA facilita tareas, puede generar que las personas dejen de ejer­citar habilidades cognitivas esenciales para la toma de decisiones y el juicio crítico, afectando así la creatividad y el pensamiento reflexivo propio del juicio humano. Una excesiva tecno-depen­dencia puede convertir a las personas en “robots” que solo siguen instrucciones tecnológicas sin ejercer un juicio ético ni crítico propio, poniendo en riesgo la auto­nomía y capacidad humana de discernimiento.

Finalmente, preservar ha­bilidades humanas frente a la IA implica un equilibrio de aprendizaje tecnológico, ética, colaboración hombre–máquina y educación crítica que mantenga la autonomía y desarrollo humano centra­do en servicio a la sociedad como el núcleo de la trans­formación digital.


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